Thursday, November 16, 2006
Inentendible
Es un auto más, una frenada más en la curva del malecón, la pista caliente, el caucho que quema y alguien que maniobra raudamente sin licencia para conducir. En su mente oye el palpitar de la batería de una canción de Dolores Delirio, desea sentir el mismo ritmo en el pasar de las luces, que sea el clima perfecto para el viaje por entre esas moles de cemento y luces de neón, por ello acelera, pisa el pedal, una frenada más, un auto más de los tantos en Lima, él lo sabe pero no lo cree, se dice y repite que nadie ha encontrado lo que él, que nadie a hurgado tanto y manoseado con tanta perversidad los recuerdos amargos de una niñez tormentosa, de la adolescencia deprimente y su ahora juventud confusamente violenta. La mirada firme en la ruta y las manos tensadas en el timón, como luchando con sus pensamientos, luchando contra sí. En el asiento del copiloto va ella, de cabellos castaños y anteojos negros de carey. Su mirada busca las luces amarillas de la noche, entrecierra los ojos tratando de desenfocar el objetivo, construye un mundo paralelo y sosegado de olvido, donde no haya prejuicios ni lamentos, donde a diario se viva una nueva vida, con otro nombre, con otro cuerpo. Imagina ser una bebe al amanecer, niña al mediodía, adolescente en la tarde y en la noche liberar a la mujer, entregarse lentamente a la naturaleza hirviente de sus entrañas, del calor de un sueño y su increíble realidad, se pierde entre esas luces y dimensiones, en su mente se dibujan figuras extrañas, le haces gestos, ella ríe, curiosea sus distancias, su origen, sonríe otra vez y abre los ojos. Los objetos del retrovisor están mas cerca de lo que aparecen, logra leer, vuelve a su realidad, esta en el asiento del copiloto, guarda un secreto que le carcome el alma. Teme a lo que pueda decir, quiere olvidar e inventarse otra realidad, no, ahora no, estoy en una nueva etapa, es la ultima vez que lo vuelvo hacer, no, no, quiero vivir, no soy mala, soy tonta, eso es lo que soy, tonta, una estúpida! Pero no, no es cierto, eso no pasó, no ha pasado, estoy con él, vamos a casarnos, espero un hijo de él, es de él, de él!. Esas palabras retumban en sus adentros y su mirada evidencia, delata, tiene la mirada triste, pero aún logra sonreír y decir ¿Bonita noche no?
Él estaciona el auto en el mirador de Chorrillos, exhala como liberándose del peso de recuerdos, se dice que no debe estar así, que está con ella, ella que lo supo entender, que tuvo la paciencia de desmarañar algún resquicio de ternura, de niño temeroso tras esa coraza de niño malo, arisco. Ella que mirando a la luna le confiaba travesuras pasadas, que lloró tantas veces en su pecho tratando de descifrar su siempre silencio. Siempre estuvo allí, mirándolo, él lo sabe, sabe que la ama, y sabe también que teme, teme que todo ello pueda acabarse. Malditos demonios, estoy con ella ahora, hablamos de literatura y de poesía, salimos siempre que podemos, me emociono tanto al esperarla a las afueras de su universidad, y allí siempre sonriendo con sus libros en mano y sus anteojos de carey despidiéndose de sus amigas, viniendo al auto, se inclina y me da un beso, un beso eterno, corre a sentarse para emocionada contarme cómo le fue, me vuelve a dar un beso, me acomoda los cabellos me acaricia las mejillas... entonces me digo que sí, que debo darme la oportunidad de ser feliz, que debo confiar, confiar, que me ama… sí, jamás me engañaría.
Él estaciona el auto en el mirador de Chorrillos, exhala como liberándose del peso de recuerdos, se dice que no debe estar así, que está con ella, ella que lo supo entender, que tuvo la paciencia de desmarañar algún resquicio de ternura, de niño temeroso tras esa coraza de niño malo, arisco. Ella que mirando a la luna le confiaba travesuras pasadas, que lloró tantas veces en su pecho tratando de descifrar su siempre silencio. Siempre estuvo allí, mirándolo, él lo sabe, sabe que la ama, y sabe también que teme, teme que todo ello pueda acabarse. Malditos demonios, estoy con ella ahora, hablamos de literatura y de poesía, salimos siempre que podemos, me emociono tanto al esperarla a las afueras de su universidad, y allí siempre sonriendo con sus libros en mano y sus anteojos de carey despidiéndose de sus amigas, viniendo al auto, se inclina y me da un beso, un beso eterno, corre a sentarse para emocionada contarme cómo le fue, me vuelve a dar un beso, me acomoda los cabellos me acaricia las mejillas... entonces me digo que sí, que debo darme la oportunidad de ser feliz, que debo confiar, confiar, que me ama… sí, jamás me engañaría.
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Ella desciende del auto y se acerca al mirador, su cabello lacios y castaños cubren su rostro, inclina la cabeza y los deja caer, baja la mirada, inhala algo de mar y de noche, distingue un viejo muelle, la danza del mar se hace visible con el claro de luna, quiere ser una niña mas y pedir perdón, perdón ya no lo volveré a hacer, y después de una reprimenda de mamá y algunos gritos de papá todo vuelva a ser normal, pero sabe que no, y por eso su respiración se torna mas rápida, quiere llorar, se siente mierda por haber hecho eso, no quiso engañarlo, no pensó, estuvo sola ese día, salió temprano de la universidad, una amiga que no veía hace tiempo la llamó al celular, no tenía nada que hacer, y fue a su encuentro, para su sorpresa estaba allí viejos amigos que la conocían desde hace mucho, desde cuando pasaba por graves problemas de autoestima e identidad, pero se mostró decidida, eso ya había pasado, ahora tiene una pareja estable y lo ama. Los muchachos la trataban como si fuera la misma de siempre, uno de ellos recordaba morbosamente para sí como una noche recorrió su cuerpo ebrio con besos alcoholizados, como la desnudó lentamente mientras ella completamente dormida vomitaba cerveza, ese muchacho reía para sí mismo como la hizo redondita aquella noche en el cuarto de su pata, como la penetró repetidas veces hasta quedarse completamente dormido. Sí allí estaba ella otra vez, la había traído la puta de su amiga, si, sigue igual de rica como siempre, mínimo hoy la hago, un remember no estaría nada mal, se dijo y reía otra vez sirviendo un vaso de cerveza. Se lo ofreció a ella: Sírvete. No Gracias, ya no tomo. Anda no jodas, ya pues, estas de monja o qué. No ahí nomás, paso. Oye solo es un brindis además no te vemos hace tiempo, anda. No gracias, enserio.
Y esa noche sonó su celular, era él, su amado, quien le había mostrado la ruta para encontrarse nuevamente, para volver a creer en ella, en la vida.
Hola amor ¿Donde estas…?
Hola cariño, aquí con una amiga, hoy salí temprano de la universidad, ¿cómo estás…?
Bien, bien… ¿con quién exactamente estás?
Con mi amiga pues y bueno con…
Y fue así que nació todo, mencionó el nombre de esos dos muchachos, ella le había confesado mucho antes quiénes eran ellos, y los mencionó, estaba con ellos, estaba con ellos en una mesa de un pub, con la amiga esa que no veía hace tiempo y que la incentivaba a salir. Oyó las risas de esos tipos por el celular, el choque de algunos vasos, la imagino entonces bebiendo con ellos, ella le explico que no estaba tomando pero no fue suficiente, le dijo que era una puta. Eres una puta de mierda, me prometiste no involucrarte mas con esa gente. Eso es lo que eres. No, te juro que no he tomado no me digas eso, yo no quería, no pense que estaban ellos, te lo juro créeme… La llamada se cortó y ella terminó llorando, se levanto de la mesa y caminó echa un mar de lágrimas, creyó que él siempre la verá así, como la chica voluble y manipulable, tantos meses y él no le cría, soy una puta, siempre lo seré se dijo y echó a correr. Su amiga fue tras ella y tras ella los muchachos, la alcanzaron, después de mucho rato la convencieron a volver al lugar, ella en la mesa no se cansó de llorar, el muchacho que seguía recordándola morbosamente se sentó junto a ella, la vió otra vez tan sensible, tan manipulable, tan rica y fácil de llevarla a la cama, un poco de cariño, cubrir ese lado carente de amor, ese lado depresivo suyo y ya está, y allí ella llorando creyéndose una ruca otra vez, lo soy, lo soy, siempre lo seré. Y así entre caricias y algunos vasos de cerveza los cuatro terminaron caminando lentamente. Por aquí conozco un lugar más cálido, hace mucho frío hoy, vamos bonita, deja de llorar, ven conmigo ¿si? La lúgubre noche nos acompaña hoy y nos guía a liberar ese dolor, ven, vamos, deja que seque tus lágrimas bonita, miremos la desnudez de la penumbra de nuestras almas, decía el muchacho, como frases aprendidas y mecánicas, las mismas frases que usó meses atrás para terminar teniendo sexo con ella, está a punto de conseguirlo otra vez, entraron al departamento, sacaron algunos tragos mas, el muchacho la tuvo en sus brazos mientras ella seguía llorando, le beso el cuello y le susurró que la quería. Ella entre sollozos mencionó un Perdóname, y fue lo último que dijo, lo último que recordó de esa noche. En la mañana siguiente se levantó con un terrible dolor de cabeza, distinguió a su amiga, le gritó por su nombre y no se levantaba, ella lo hizo y se encontraba desnuda, hizo memoria, pegó un grito mudo y lloró al ver sus senos con marcas rojas, ubicó sus ropas, se vistió rápidamente, despertó a su amiga, aún estaba ebria. Soy una perra, lo soy… y con esa frase salió del departamento.
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ÉL la veía tras el parabrisas, veía su silueta en medio de la noche, en medio del mar, era un bonito ambiente, el mirador de Chorrillos y ella, el amor de toda su vida, melancólica como siempre, sus cabellos castaños jugando con el viento, su mirada siempre tímida, esquiva, mirando el mar… bajó del auto, fue a su encuentro, en cada paso se repetía el amor que sentía por ella, que amaba cada gesto suyo, cada lágrima suya, cada secreto confesado. La abrazó por la cintura, deslizó sus manos por sus caderas, lo turgente de sus nalgas, le dijo al oído que la amaba, pero ella estaba llorando, lloraba escandalosamente. Qué te pasa mi amor! ¿Por qué lloras? Ella no respondía nada y seguía llorando. Mi amor no temas, estoy contigo, vamos a ser padres! Estas embarazada mi amor y venceremos nuestros demonios, mira la noche, mira el mar, esta bonito ¿no? Pero ella no veía nada, nada más que el dolor que le carcomía el alma. Y lo dijo, no podía ocultar esa verdad, esa verdad que quema, que lacera, que arde, no podía más y lo dijo entre llantos: ¿Recuerdas esa vez que me llamaste cuando estaba con una amiga y esos muchachos? Sí mi amor, pero eso ya pasó, ya te pedí perdón por haber desconfiado de ti, por favor perdóname, estuviste días sin hablarme, pero no te ibas a librar tan fácil de mí ¿no?, te lo dije, me llegaste a perdonar mi amor, por qué recuerdas ahora eso?
Tragó un poco del amargo de su saliva, creyó tragarse el mar, las olas golpeaban, la bruma del mar, sus cabellos lacios y castaños otra vez, entrecerró los ojos para no ver el rostro de él, bajó la mirada, y le dijo lentamente: Esa noche volví a hacerlo, eso que temes. Soy una perra, amas a una perra, ya no quiero ni siquiera vivir, sí, te he engañado, me acosté con ellos. Y… ¿sabes qué? Ni siquiera sé si este hijo que espero... es tuyo.
Era la primera vez que se le vio llorar, fue la última vez que la vio, dejó a su silueta y su recuerdo en ese mirador de Chorrillos. Maldijo mil veces, blasfemó diez mil, allí se quedaba eso que le había motivado tanto los últimos meses, ese espejismo de una nueva familia. Él sólo quiso huir. Una frenada más, la pista caliente, el caucho que vuelve a quemar, y ese auto, entre tantos otros, y él manejando siempre sin licencia para conducir hacia ninguna parte.
Era la primera vez que se le vio llorar, fue la última vez que la vio, dejó a su silueta y su recuerdo en ese mirador de Chorrillos. Maldijo mil veces, blasfemó diez mil, allí se quedaba eso que le había motivado tanto los últimos meses, ese espejismo de una nueva familia. Él sólo quiso huir. Una frenada más, la pista caliente, el caucho que vuelve a quemar, y ese auto, entre tantos otros, y él manejando siempre sin licencia para conducir hacia ninguna parte.

