Fernando Delgadillo - Miguel
Y si te dijera, Miguel,
que no te he extrañado,
que no me importó que te fueras,
que no he sentido rabia,
que no he sentido pena,
que tu muerte fue tan sólo una manera
para apreciar mi vida
con el doble de fuerzas.
Que no lloré frente a tu tumba,
¡si te dijera!
Que no he estado perdido,
y que no he sufrido.
Es mas, si dijera,
por poner un ejemplo,
que de cierta forma me alegra
que te hayas muerto.
Así no irás conmigo de gorra,
ni me harás perder el tiempo
hablando de política,
y de la bomba.
Si te dijera mi amigo
que pienso que eres algo estúpido
por morir en una noche tan bella.
Que perdiste la pose
al caer en la banqueta,
enredado a una moto retorcida,
la cabeza partida.
Si te dijera que mi vida
sigue igual de alegre.
Que Pink Floyd es una mierda
y que el mundo aún se mueve,
que seguimos haciendo fiesta,
que la pena no nos detiene.
Si te dijera,
¡si te gritara!
que me gusta la novia que dejaste,
que he visto a tu hermana
y que también me gusta,
y que eres un hijo de puta
por hacerlas llorar.
Dime, Miguel,
mi amigo,
si dijera en serio
todo eso que digo,
¿dejarías tu tumba?
Porque si es así, entonces,
¡seguro que lo digo!
Y de pronto todo cambió
A veces creo oír las quejas de mi cepillo de dientes
Reclamando su acostumbrada soledad
Sé muy bien que este teclado no es el mismo, ni el monitor, ni la pc, que esa música que oigo ahora no me pertenece, que mis películas Hentai ya no están en su sitio (aunque solo la haya visto un par de veces) que mis ropas se resisten al orden impuesto sin consulta popular, que gozaban con la anarquía de mi bien cuidado desorden. Supongo 0ue debe ser bueno… despertarse con olor a Lavanda, o que justo ahora me digan levanta los pies y una escoba de deslice debajo de esta silla y yo escriba inspirado por una canción que sí creía mía y me digan que existen otros recuerdos completamente distintos, y justo ahora piense en esa increíble tendencia del ser humano de hacer suyas algo tan ajeno. La inevitable enajenación.
Las consecuencias forman decisiones mientras uno sentadito observa tan solo, como cambia su universo. Como cuando uno se muda y ve a los hombres de la mudanza llevarse tus cosas, impávido de atrapar cada sensación que luego ha de perderse. Sería fácil, digo yo, que al cerrar la habitación desalojada y sombría, que al tiempo de cerrar con llave la puerta se queden tras de ella los recuerdos, que al entregar la llave al dueño se vaya también el pasado.
Ya no veo la figura de tu saco negro sobre el puente
Ni el saco, ni el puente, ni tu figura, ni a ti…
Es hora de hablar con mi gastado cepillo de dientes.
Es curioso, pienso en tí cuando veo a Los Simpson.
Rosa Negra de madrugada, tus pétalos enlutece al sol del que huyes, es por eso... que temo acercarme a tí: Demasiada luz llevo para tu visible oscuridad.
Pd: No entiendo tu amor por los gatos... quizá admires su autosuficiencia, uno suele admirar lo que inconcientemente anhela. Yo en cambio prefiero la fidelidad y dependencia de los perros.

Puedo sentirlo, es tu piel la suavidad de nubes mágicas que a mis mejillas
Es, tu cuerpo, en este mi lugar, te hallo aquí, es tu voz el rumor del
No produzco tristeza, esa danza de las flores de ese jardín me
Estás aquí, en este ascenso, la lluvia aún no cesa y dudo mucho que
No lo es todo, ni la sonrisa, ni la mirada, ni la mirada de la sonrisa o la sonrisa de la mirada, qué mas da. Si en todo por cuanto puedo imaginar hallo tus huellas, burlándose dulcemente de mí.
Decir talvez que los rincones huérfanos que tiritan de tu blanca ausencia son cálida noche en la cuna de un Dios insomne que teme no despertar… Que estas son sólo palabras ajenas, letras tras letras, códigos y símbolos que nada dicen, que a nadie evoca, formando imposibles, absurdos, incoherencias en el orden establecido, que soy sólo sombra, la sombra de ese rincón, la noche de ese rincón, que tirito desde que te fuiste, desde que callaste, que eres blanca, blanca y ajena, ajena como la brisa, que soy sólo un sueño, un cálido sueño de un Dios, un temeroso Dios que no quiere conocer la muerte, siendo él la misma muerte…
¿Ves? ¿Entiendes? No lo es todo, no es todo, no hay nada que pueda decirse que es todo
¿Qué puedo decir entonces… que pueda decir, un poquito de ti?
Nada,

Él estaciona el auto en el mirador de Chorrillos, exhala como liberándose del peso de recuerdos, se dice que no debe estar así, que está con ella, ella que lo supo entender, que tuvo la paciencia de desmarañar algún resquicio de ternura, de niño temeroso tras esa coraza de niño malo, arisco. Ella que mirando a la luna le confiaba travesuras pasadas, que lloró tantas veces en su pecho tratando de descifrar su siempre silencio. Siempre estuvo allí, mirándolo, él lo sabe, sabe que la ama, y sabe también que teme, teme que todo ello pueda acabarse. Malditos demonios, estoy con ella ahora, hablamos de literatura y de poesía, salimos siempre que podemos, me emociono tanto al esperarla a las afueras de su universidad, y allí siempre sonriendo con sus libros en mano y sus anteojos de carey despidiéndose de sus amigas, viniendo al auto, se inclina y me da un beso, un beso eterno, corre a sentarse para emocionada contarme cómo le fue, me vuelve a dar un beso, me acomoda los cabellos me acaricia las mejillas... entonces me digo que sí, que debo darme la oportunidad de ser feliz, que debo confiar, confiar, que me ama… sí, jamás me engañaría.
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Ella desciende del auto y se acerca al mirador, su cabello lacios y castaños cubren su rostro, inclina la cabeza y los deja caer, baja la mirada, inhala algo de mar y de noche, distingue un viejo muelle, la danza del mar se hace visible con el claro de luna, quiere ser una niña mas y pedir perdón, perdón ya no lo volveré a hacer, y después de una reprimenda de mamá y algunos gritos de papá todo vuelva a ser normal, pero sabe que no, y por eso su respiración se torna mas rápida, quiere llorar, se siente mierda por haber hecho eso, no quiso engañarlo, no pensó, estuvo sola ese día, salió temprano de la universidad, una amiga que no veía hace tiempo la llamó al celular, no tenía nada que hacer, y fue a su encuentro, para su sorpresa estaba allí viejos amigos que la conocían desde hace mucho, desde cuando pasaba por graves problemas de autoestima e identidad, pero se mostró decidida, eso ya había pasado, ahora tiene una pareja estable y lo ama. Los muchachos la trataban como si fuera la misma de siempre, uno de ellos recordaba morbosamente para sí como una noche recorrió su cuerpo ebrio con besos alcoholizados, como la desnudó lentamente mientras ella completamente dormida vomitaba cerveza, ese muchacho reía para sí mismo como la hizo redondita aquella noche en el cuarto de su pata, como la penetró repetidas veces hasta quedarse completamente dormido. Sí allí estaba ella otra vez, la había traído la puta de su amiga, si, sigue igual de rica como siempre, mínimo hoy la hago, un remember no estaría nada mal, se dijo y reía otra vez sirviendo un vaso de cerveza. Se lo ofreció a ella: Sírvete. No Gracias, ya no tomo. Anda no jodas, ya pues, estas de monja o qué. No ahí nomás, paso. Oye solo es un brindis además no te vemos hace tiempo, anda. No gracias, enserio.
Y esa noche sonó su celular, era él, su amado, quien le había mostrado la ruta para encontrarse nuevamente, para volver a creer en ella, en la vida.
Hola amor ¿Donde estas…?
Hola cariño, aquí con una amiga, hoy salí temprano de la universidad, ¿cómo estás…?
Bien, bien… ¿con quién exactamente estás?
Con mi amiga pues y bueno con…
Y fue así que nació todo, mencionó el nombre de esos dos muchachos, ella le había confesado mucho antes quiénes eran ellos, y los mencionó, estaba con ellos, estaba con ellos en una mesa de un pub, con la amiga esa que no veía hace tiempo y que la incentivaba a salir. Oyó las risas de esos tipos por el celular, el choque de algunos vasos, la imagino entonces bebiendo con ellos, ella le explico que no estaba tomando pero no fue suficiente, le dijo que era una puta. Eres una puta de mierda, me prometiste no involucrarte mas con esa gente. Eso es lo que eres. No, te juro que no he tomado no me digas eso, yo no quería, no pense que estaban ellos, te lo juro créeme… La llamada se cortó y ella terminó llorando, se levanto de la mesa y caminó echa un mar de lágrimas, creyó que él siempre la verá así, como la chica voluble y manipulable, tantos meses y él no le cría, soy una puta, siempre lo seré se dijo y echó a correr. Su amiga fue tras ella y tras ella los muchachos, la alcanzaron, después de mucho rato la convencieron a volver al lugar, ella en la mesa no se cansó de llorar, el muchacho que seguía recordándola morbosamente se sentó junto a ella, la vió otra vez tan sensible, tan manipulable, tan rica y fácil de llevarla a la cama, un poco de cariño, cubrir ese lado carente de amor, ese lado depresivo suyo y ya está, y allí ella llorando creyéndose una ruca otra vez, lo soy, lo soy, siempre lo seré. Y así entre caricias y algunos vasos de cerveza los cuatro terminaron caminando lentamente. Por aquí conozco un lugar más cálido, hace mucho frío hoy, vamos bonita, deja de llorar, ven conmigo ¿si? La lúgubre noche nos acompaña hoy y nos guía a liberar ese dolor, ven, vamos, deja que seque tus lágrimas bonita, miremos la desnudez de la penumbra de nuestras almas, decía el muchacho, como frases aprendidas y mecánicas, las mismas frases que usó meses atrás para terminar teniendo sexo con ella, está a punto de conseguirlo otra vez, entraron al departamento, sacaron algunos tragos mas, el muchacho la tuvo en sus brazos mientras ella seguía llorando, le beso el cuello y le susurró que la quería. Ella entre sollozos mencionó un Perdóname, y fue lo último que dijo, lo último que recordó de esa noche. En la mañana siguiente se levantó con un terrible dolor de cabeza, distinguió a su amiga, le gritó por su nombre y no se levantaba, ella lo hizo y se encontraba desnuda, hizo memoria, pegó un grito mudo y lloró al ver sus senos con marcas rojas, ubicó sus ropas, se vistió rápidamente, despertó a su amiga, aún estaba ebria. Soy una perra, lo soy… y con esa frase salió del departamento.
ÉL la veía tras el parabrisas, veía su silueta en medio de la noche, en medio del mar, era un bonito ambiente, el mirador de Chorrillos y ella, el amor de toda su vida, melancólica como siempre, sus cabellos castaños jugando con el viento, su mirada siempre tímida, esquiva, mirando el mar… bajó del auto, fue a su encuentro, en cada paso se repetía el amor que sentía por ella, que amaba cada gesto suyo, cada lágrima suya, cada secreto confesado. La abrazó por la cintura, deslizó sus manos por sus caderas, lo turgente de sus nalgas, le dijo al oído que la amaba, pero ella estaba llorando, lloraba escandalosamente. Qué te pasa mi amor! ¿Por qué lloras? Ella no respondía nada y seguía llorando. Mi amor no temas, estoy contigo, vamos a ser padres! Estas embarazada mi amor y venceremos nuestros demonios, mira la noche, mira el mar, esta bonito ¿no? Pero ella no veía nada, nada más que el dolor que le carcomía el alma. Y lo dijo, no podía ocultar esa verdad, esa verdad que quema, que lacera, que arde, no podía más y lo dijo entre llantos: ¿Recuerdas esa vez que me llamaste cuando estaba con una amiga y esos muchachos? Sí mi amor, pero eso ya pasó, ya te pedí perdón por haber desconfiado de ti, por favor perdóname, estuviste días sin hablarme, pero no te ibas a librar tan fácil de mí ¿no?, te lo dije, me llegaste a perdonar mi amor, por qué recuerdas ahora eso?
Era la primera vez que se le vio llorar, fue la última vez que la vio, dejó a su silueta y su recuerdo en ese mirador de Chorrillos. Maldijo mil veces, blasfemó diez mil, allí se quedaba eso que le había motivado tanto los últimos meses, ese espejismo de una nueva familia. Él sólo quiso huir. Una frenada más, la pista caliente, el caucho que vuelve a quemar, y ese auto, entre tantos otros, y él manejando siempre sin licencia para conducir hacia ninguna parte.
En la noche de cópulas un violín descansaba en las sábanas, estiraste las cuerdas, las mordiste, ataste tus muñecas hasta ver hilos de sangre, entre las paredes pintaste con tu saliva la fecha de tu partida, reías desquiciadamente con un cuchillo tibio en tus manos y cual si fuera un pincel teñiste tu piel, manchaste tus ojos, sumergiste tus cabellos, lloraste amargamente esa noche, maldiciendo tu espíritu Cortavenas


